lunes, 23 de agosto de 2010

CARTA A BUSH DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ


Sobre los atentados terroristas del 11 de septiembre del año 2001)

¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu patio y no en el living del vecino? ¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico que provocan el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios que se derrumban, ese terrible olor que se mete hasta el fondo en los pulmones, los ojos de los inocentes que caminan cubiertos de sangre y polvo?
¿Cómo se vive por un día en tu propia casa la incertidumbre de lo que va a pasar? ¿Cómo se sale del estado de shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del Enola Gay dejara caer la bomba. En pocos segundos habían muerto 80.000 hombres mujeres y niños. Otros 250.000 morirían en los años siguientes a causa de las radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la televisión.
¿Cómo se siente hoy el horror cuando las terribles imágenes de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de septiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro 11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes habían planeado. También fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus marines salían a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista.
¿Sabías que entre 1824 y 1994 tu país llevó a cabo 73 invasiones a países de América Latina? Las víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El Salvador, Guatemala y Granada.
Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el comienzo del siglo XX, casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentágono no hubiera participado. Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl Harbor cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en 1941. Pero siempre el horror estuvo lejos.
Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo en medio del polvo, cuando viste las imágenes por televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan, la gente caía desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas. En Vietnam, la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caían en un salto desesperado al vacío. Tu aviación no dejó una fábrica en pie ni un puente sin destruir en Yugoslavia. En Irak fueron 500.000 los muertos. Medio millón de almas se llevó la Operación Tormenta del Desierto...¿Cuánta gente desangrada en lugares tan exóticos y lejanos como Vietnam, Irak, Irán, Afganistán, Libia, Angola, Somalia, Congo, Nicaragua, Dominicana, Camboya, Yugoslavia, Sudán, y una lista interminable? En todos esos lugares los proyectiles habían sido fabricados en factorías de tu país, y eran apuntados por tus muchachos, por gente pagada por tu Departamento de Estado, y sólo para que tu pudieras seguir gozando de la forma de vida americana.
Hace casi un siglo que tu país está en guerra con todo el mundo. Curiosamente, tus gobernantes lanzan los jinetes del Apocalipsis en nombre de la libertad y de la democracia. Pero debes saber que para muchos pueblos del mundo (en este planeta donde cada día mueren 24.000 pobladores por hambre o enfermedades curables), Estados Unidos no representa la libertad, sino un enemigo lejano y terrible que sólo siembra guerra, hambre, miedo y destrucción. Siempre han sido conflictos bélicos lejanos para ti, pero para quienes viven allá es una dolorosa realidad cercana, una guerra donde los edificios se desploman bajo las bombas y donde esa gente encuentra una muerte horrible. Y las víctimas han sido, en el 90 por ciento, civiles, mujeres, ancianos, niños efectos colaterales.
¿Qué se siente cuando el horror golpea a tu puerta aunque sea por un solo día? ¿Qué se piensa cuando las víctimas en Nueva York son secretarias, operadores de bolsa o empleados de limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron una mosca?
¿Cómo se siente el miedo? ¿Cómo se siente, yanqui, saber que la larga guerra finalmente el 11 de septiembre llegó a tu casa?

Gabriel García Márquez

lunes, 16 de agosto de 2010

Carta abierta a Grobocopatel





Por Aldo Ferrer *

A raíz de la polémica que vienen sosteniendo a través de Página/12 el escritor Mempo Giardinelli y el empresario sojero Gustavo Grobocopatel sobre la cuestión social del agro y su responsabilidad en la protección del medio ambiente, empiezan a surgir otras voces que se suman al debate. Aquí, la del economista Aldo Ferrer.
Estimado Gustavo:
Recordarás que, hace algún tiempo, con nuestro común amigo Bernardo Kosakoff, publicamos un artículo, en co-autoría, sobre el papel de la cadena agroindustrial en la economía y la sociedad argentinas. En estos días he leído un intercambio de cartas abiertas que mantuviste, con Mempo Giardinelli, sobre las mismas cuestiones y no resisto la tentación de entrometerme para señalar algunos puntos. El intercambio es muy rico y esclarecedor sobre cuestiones fundamentales, como la protección del medio ambiente y los recursos naturales y la cuestión social en el agro. Al mismo tiempo, creo que el análisis debe ubicarse en el contexto más amplio del desarrollo de toda la economía nacional en su inmenso territorio y su posicionamiento en el orden mundial. Concentraré mi comentario en la cuestión de las retenciones, que es crucial en el tratamiento del tema.
Decís en tu carta: “Las retenciones son anti-Chaco, anti-desarrollo rural, anti-equidad”. No es así, por múltiples razones. No se puede hablar de retenciones sin referirlas al tipo de cambio. Es como tratar de contar la historia de Hamlet sin el príncipe de Dinamarca. Desvincular las retenciones del tipo de cambio no es sólo una insuficiencia de tu afirmación, sino una falta generalizada en todo el debate sobre la materia. La consecuencia es que el problema se reduce a su impacto en la distribución del ingreso. En mi intervención en las comisiones de Agricultura y Hacienda de la Cámara de Diputados de la Nación, durante el tratamiento de la resolución 125, destaqué que el debate se limita a ese aspecto distributivo cuando, en realidad, lo que está en juego es la estructura productiva y el desarrollo económico.
Las retenciones tienen un efecto fiscal y desvinculan los precios internos de los alimentos exportables de los precios externos. Pero estos objetivos podrían alcanzarse, en principio, por otros medios. Para el único fin para el cual las retenciones son insustituibles es para establecer tipos de cambio diferenciales, que es lo que realmente importa para la competitividad de toda la producción interna sujeta a la competencia internacional, en toda la amplitud del territorio nacional y sus regiones.
La necesidad de las retenciones surge del hecho de que los precios de los productos agropecuarios respecto de las manufacturas industriales son distintos de los precios relativos de los mismos bienes en el mercado mundial. Es decir, las retenciones permiten resolver el hecho de que, por ejemplo, la producción de soja es internacionalmente competitiva con un tipo de cambio, digamos, de dos pesos por dólar y, la de maquinaria agrícola, de cuatro. Los tipos de cambio “diferenciales” reflejan las condiciones de rentabilidad de la producción primaria y las manufacturas industriales. La brecha, es decir, las retenciones, no es estrictamente un impuesto sobre la producción primaria, sino un instrumento de la política económica. El mismo genera un ingreso fiscal cuya aplicación debe resolverse en el presupuesto nacional, conforme al trámite constitucional de su aprobación y ejecución.
La asimetría entre los precios relativos internos e internacionales no es un problema exclusivamente argentino. La causa radica en razones propias de cada realidad nacional. Entre ellas, los recursos naturales, nivel tecnológico, productividad y organización de los mercados. En la Argentina inciden, entre otros factores, la excepcional dotación de los recursos naturales y los factores que históricamente condicionaron el desarrollo del agro y la industria. Todos los países utilizan un arsenal de instrumentos (aranceles, subsidios, tipos de cambio diferenciales, etc.) para “administrar” el impacto de los precios internacionales sobre las realidades internas, con vistas a defender los intereses “nacionales”. En la Unión Europea, por ejemplo, sucede a la inversa que en nuestro país: las manufacturas industriales son relativamente más baratas que los productos agropecuarios. En consecuencia, se subsidia la producción agropecuaria, lo cual insume la mayor parte de los recursos comunitarios. Si no lo hiciera, desaparecería la actividad rural bajo el impacto de las importaciones, situación inadmisible por razones, entre otras, de seguridad alimentaria y equilibrio social.
¿Cuáles serían las consecuencias de unificar el tipo de cambio para eliminar las retenciones? En nuestro ejemplo, si el tipo de cambio fuera el mismo, dos o cuatro por dólar, tanto para la soja como para la maquinaria agrícola, en el primer caso (dos por dólar) desaparecerían la producción de la segunda y gran parte de la industria manufacturera, sustituida por importaciones. Las consecuencias serían un desempleo masivo, aumento de importaciones, déficit en el comercio internacional, aumento inicial de la deuda externa y, finalmente, el colapso del sistema. En el segundo caso (cuatro por dólar), se produciría una extraordinaria transferencia de ingresos a la producción primaria, el aumento de los precios internos y el desborde inflacionario. En las palabras de Marcelo Diamand, en la actualidad, dada nuestra “estructura productiva desequilibrada”, es inviable la unificación del tipo de cambio para toda la producción sujeta a la competencia internacional. Unificar el tipo de cambio traslada los precios relativos internos a los internacionales, con lo cual el campo se convierte en un apéndice del mercado mundial en vez del rol que le corresponde como sector fundamental de un sistema económico nacional, condición necesaria del desarrollo de cualquier país.
¿Por qué es preciso, simultáneamente, tener mucho campo, mucha industria y mucho desarrollo regional? ¿Por qué es necesaria la rentabilidad de toda la producción sujeta a la competencia internacional? Por la sencilla razón de que la cadena agroindustrial (incluyendo todos sus insumos de bienes y servicios provenientes del resto de la economía nacional) genera 1/3 del empleo y, por lo tanto, es inviable una economía, próspera de pleno empleo, limitada a su producción primaria, por mayor que sea la agregación de valor y tecnología al complejo agroindustrial. En otros términos, no es viable una economía nacional reducida a ser el “granero” ni, tampoco, la “góndola” del mundo. Sólo con esto nos sobra la mitad de la población. Por otra parte, la ciencia y la tecnología son el motor del desarrollo de las sociedades modernas y, para desplegarlas, es indispensable una estructura productiva diversificada y compleja que incluya, desde la producción primaria con alto valor agregado, a las manufacturas que son portadoras de los conocimientos de frontera.
Si se alcanza el convencimiento compartido sobre la estructura productiva necesaria y posible, se abandona la discusión de las retenciones como un problema reducido a la distribución del ingreso. Se plantean entonces dos cuestiones centrales. Por una parte, el tipo de cambio que maximice la competitividad de toda la producción nacional sujeta a la competencia internacional. Es decir, el tipo de cambio de equilibrio desarrollista. Por la otra, el nivel de las retenciones compatibles con la rentabilidad de la producción primaria e industrial, tomando en cuenta los cambios permanentes en las condiciones determinantes de costos y otras variables relevantes. Las retenciones deben ser “flexibles” y tomar nota de tales cambios. Al mismo tiempo, deben aplicarse de la manera más sencilla posible. Por ejemplo, la comprensible demanda del ruralismo integrado por pequeños y medianos productores de recibir un trato preferente es, probablemente, difícil de cumplir con retenciones distintas conforme al tamaño de las explotaciones o la distancia a los puertos y centros de consumo. Otros medios pueden ser utilizados con más eficacia para los mismos fines.
Es necesario referir los problemas señalados en el intercambio de cartas comentado al desarrollo nacional. Vale decir, el pleno despliegue del potencial, la gobernabilidad, la libertad de maniobra en un mundo inestable, la inclusión social, factores todos que, en definitiva, son esenciales para la prosperidad del campo, de la industria, las regiones, el capital y el trabajo, y para proteger la naturaleza y el medio ambiente. Para contribuir a tal fin es indispensable aclarar, de una vez por todas, qué son y para qué sirven las retenciones.

* Economista del Plan Fénix.

Fuente: Página/12

viernes, 13 de agosto de 2010

Carta de José Artigas a José Rondeau




Señor D. José Rondeau

Mi siempre apreciable compadre, tocayo y amigo: Cuatro renglones habrían bastado á firmar la Unión deseada cuando ella sea medida por la cordialidad de las notas que deben expresarla. Usted me conoce y sabe que por mi parte nada es incrépale para su realización. Usted anima mis sentimientos por este deber; yo estoy resuelto á llenarlo. ¿Qué falta, pues, para dar al mundo entero una lección de virtud y que nuestros comunes votos se hallan reanimados por la destrucción de los enemigos comunes? Usted lo sabe, lo penetra y es muy extraño no haya usted adelantado el paso preciso á esa dulce satisfacción. Obviaré reflexiones que se dejan traslucir al primer golpe de vista. Empiece usted á desmentir esas ideas mezquinas de su predecesor y á inspirar la confianza pública; empiece usted con el rompimiento con los portugueses y este paso afianzará la seguridad de los otros.
Entonces aparecerá el iris de paz que inspirando terror á los enemigos comunes será la reseña general de la felicidad de los americanos del Sur. La patria exige de nosotros tan interesante medida. Desmentirla será formar nuevas dudas sobre principios justificados.
Córrase el velo á los misterios y la simple verdad bastará á confundir ese germen de iniquidad.
Yo he hablado demasiado confidencialmente con el señor don Domingo French. El regresa y él impondrá á usted de la vehemencia de mis votos por obviar nuevas dificultades. Por mi parte todo es concluido. Mi influjo será reglado por el nivel de su conducta y la uniformidad de operaciones nos conducirá á una jornada gloriosa.
Por más que los enemigos se multipliquen, eso sólo servirá para aumentar nuestra gloria.
Nuestra unión es el mejor escudo contra toda y cualquiera especie de coalición. Demos el ejemplo y deje usted que se desplome el universo sobre nosotros, y nuestra decisión superará sus esfuerzos. Empecemos por el que tenemos al frente, y la expedición española hallará en la ruina de los portugueses el mérito de su desengaño. Ostentarlo es nuestro deber. Espero verlo realizado sobre el testimonio de su palabra de honor. A ello me suscribo con toda cordialidad de un amigo y apasionado servidor.

José Artigas.

Cuartel general, 18 de Julio de 1819.

lunes, 9 de agosto de 2010

Carta Abierta al Señor Presidente De la República de Colombia Dr. Juan Manuel Santos Calderón




Bogotá, Agosto 08 de 2010

Señor Doctor
Juan Manuel Santos Calderón
Presidente de la República de Colombia
Bogotá

Respetuoso saludo

La "guerra" y la fuerza, y "también la razón", anunciadas por el nuevo gobierno, debe ser contra el desempleo, contra el hambre, contra la pobreza, contra el paseo de la muerte, contra el terrorismo de Estado, contra los falsos positivos, contra la desaparición forzada y las ejecuciones extrajudiciales cometidas presuntamente por agentes del Estado aliados al paramilitarismo cuando su señorìa fungía como Ministro del anterior Gobierno de guerra y de detenciones masivas de defensores de derechos humanos y dirigentes populares; debe ser contra la impunidad a los crímenes de lesa humanidad, contra los crìmenes de guerra, contra las acciones genocidas y de agresión del terrorismo de Estado, contra la privatización de los derechos; por ejemplo, contra la vulneración a la soberanía nacional para que no existan bases militares extranjeras y menos de los EEUU en nuestro territorio, contra los vulneradores del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, de los Derechos de los Pueblos, el DIH y el Derecho Penal Internacional quienes a través de las Instituciones del Estado prevaricaron afectando a la población y generaron la más grande catástrofe humanitaria y social conocida por la historia, criminales aùn sin juzgar.

Todo esto incluye la búsqueda y concreción de la paz con justicia social.

Los derechos a los campesinos no se defienden asì como se afirmò ayer, y ellos en el campo colombiano de valles, montañas, piedemonte, laderas no los pueden ejercer siendo "Juan Valdez", lo que se requiere es una verdadera reforma agraria para que ellos puedan ser colombianos verdaderos, ejerciendo derechos de forma real, cada uno con sus propios nombres y sus organizaciones populares y sociales a las que pertenecen legalmente, concretando esos cambios estructurales en el sector agro pecuario, en el campo es lo que se requiere hace tiempo para poder acceder a la paz tan deseada.

También depurando a las FFAA y a los cuerpos de seguridad de sus vínculos con el paramilitarismo y su dependencia con el Imperialismo y militarismo guerrerista de los EEUU; que se precluyan y archiven todos los procesos amañados contra defensores de derechos humanos y lìderes populares sustentados en viles montajes organizados por la criminalidad dentro y fuera del Estado. Que se liberen a todas y todos los presos polìticos.

Que el principio de precisar la verdad històrica para que la procesal coincida con ella en los casos de los crimenes de lesa humanidad, de guerra, genocidio y agresión, que se pueda de verdad concretar la Justicia como imperativo estatal, para que se derogue la eufemìstica Ley de Justicia y Paz o de impunidad como dicen otros juristas; que la reparación sea integral y no mera indemnización administrativa y que se creen todas las condiciones materiales, jurídicas, institucionales, culturales, administrativos, etc. , para que por fin estos crìmenes y el terrorismo de estado fascista-neoliberal no se repita, debe ser una polìtica de Estado y de la Sociedad.

Lo que debe prevalecer siempre es la búsqueda de la solución política al conflicto social y armado colombiano para que de verdad haya paz con justicia social. Y que cese el terror contra el pueblo. Eso debe ser la " fuerza y la razòn" que su señorìa indicò. Pues lo que aqui decimos no es mera conjetura, ya son hechos notorios y públicos.

Y ademàs es deber constitucional no hacer apología a la violencia. De lo que se trata es defender el 22 superior que ordena a Usted, a nosotros y todas y todos los colombianos a ejercer el derecho a la paz, que tiene doble carácter de bien jurídico protegido, ser un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.

De ahí que la prevalencia es la paz y no la guerra. La prevalencia es la vida y no las ejecuciones extrajudiciales. La prevalencia es la libertad y no los montajes y estigmatización a los defensores de derechos humanos y dirigentes populares, hombres y mujeres desplazadas, amenazadas, exiliadas, refugiadas. Toda una tragedia nacional que no se tocò en su mèdula. Pero que se debe y puede concretar su resoluciòn a través de la solución política al actual conflicto social y armado colombiano. Asi es que se puede defender de verdad los derechos humanos y los derechos de los Pueblos.

Las amenazas al contradictor polìtico y las loas al más grande criminal de lesa humanidad no debe prevalecer.

TODO POR LA PAZ CON VERDADERA JUSTICIA SOCIAL ES EL IMPERATIVO POPULAR Y DE LA SOCIEDAD

Athemay Sterling
Director
CPDH-Valle
Bogotá 08 de Agosto de 2010

http://www.grupopalenque.org

domingo, 1 de agosto de 2010

Carta dirigida al Presidente de Brasil sobre el MST





Estimados Señores,

Al: President Fernando Henrique Cardoso y Sr. Raul Jungmann, Ministro de Desarrollo Agrario.

Via E-mail: pr@planalto.gov.br

Vengo, a través de la presente, a expresar mi preocupación por las noticias de que el gobierno estaría oprimiendo el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra por recibir contribuciones voluntarias de sus miembros, una práctica común adoptada internacionalmente por sindicatos y muchas otras organizaciones como condición para su asociación. Espero que su intención no sea criminalizar al MST, utilizando este u otro cualquier método.
El MST está realizando un trabajo extraordinario de movilización popular en defensa de los intereses de la población más pobre y que más padecimientos sufre, para resolver el grave problema de la colosal concentración de riquezas que convive con una inmensa pobreza. Esa desigualdad se destaca en Brasil, a pesar de representar un problema creciente en todo el mundo, y persiste en el medio rural, a pesar de las tentativas del gobierno en realizar la reforma agraria.
El trabajo del MST representa una fuente de inspiración en todo el mundo y lo es, aun más impresionante, cuando se desarrolla en un clima cruel de represión, incluidos muchos asesinatos. Me gustaría unirme a aquellos que apoyan este tipo de movilizaciones que son escasas en cualquier parte de este mundo, y que, de seguro, no deben ser reprimidas. El MST debe evocar el orgullo a los brasileños de la misma forma que evoca una gran admiración y esperanza en otros países.
Atentamente,

Professor Noam Chomsky, desde el MIT.

Carta de Jesús Cela Seoane




Badajoz, a 05-2010


Me llamo Suso Cela Seoane. Nací en A Xironda (Ourense) el 13 de diciembre de 1964 y soy vecino de A Coruña. Soy un preso político, militante comunista, encarcelado por pertenencia a los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO).

Fui detenido en octubre de 1985, siendo puesto en libertad el 23 de enero de 1990. El día que salí llevaba 53 días en huelga de hambre pues estaba participando en la huelga que el Colectivo de presos políticos del PCE(r) y de los GRAPO venían llevando contra la política de Dispersión del Gobierno del PSOE.

A la semana de ser puesto en libertad, en un episodio de guerra sucia, fui secuestrado por un comando del GAL Verde (Guarda Civil) que me retuvo durante un día. En julio de ese mismo año, volví a incorporarme a los GRAPO, siendo detenido en octubre de 1990. En las dos detenciones fui torturado.

Secuestrado leGALmente

Desde octubre de 1990 estoy en la cárcel, secuestrado "leGALmente". Tengo que decir que me fue impuesta una condena de 30 años según establecía el Código Penal de 1973. Condena que terminé de cumplir en octubre de 2007. Pese a tener cumplida mi condena conforme a sus leyes, sigo retenido ilegalmente en base a la "Doctrina Parot", invento jurídico creado para alargar la prisión de numerosos presos políticos.

Durante estos años, pasé por las cadenas de Carabanchel, Soria, Alcalá Meco, Sevilla, Topas y Badajoz, en la que me encuentro desde hace quince años. Me hallo con otros doce presos políticos vascos que al mismo tiempo están dispersos de dos en dos por todos los Módulos de la cárcel. En uno de esos Módulos estoy yo en compañía de dos de ellos.

Actualmente, nos encontramos en una dinámica de lucha contra los cacheos humillantes a los familiares que se le vienen exigiendo a los familiares antes de entrar a las visitas. Llevamos desde octubre de 2009 sin poder comunicar vis a vis, ni íntimo ni familiar.

Régimen de Vida

En cuanto al régimen de vida, estamos clasificados en Primer Grado. En esta prisión para no tenernos a todos los presos políticos juntos en el Módulo de Aislamiento, nos tienen en Módulos de "vida normal" mas con horario restringido. Salimos de 9 de la mañana a 1 de la tarde, y el resto del tiempo lo pasamos en la celda. Tenemos prohibidas las salidas deportivas, la cursillos o cualquier otro tipo de actividad. Sólo podemos salir del Módulo para las visitas y el médico. Resulta casi imposible poder ver a los presos políticos de otros Módulos.

Comunicaciones

En los últimos tiempos las comunicaciones se vieron reducidas a la mínima expresión. Tenemos las comunicaciones intervenidas lo que supone que te lean la correspondencia y escuchen lo que dices por teléfono y en los locutorios. La intervención implica la retención de las cartas durante 15-20 días. Lo que dificulta el contacto con familiares, amigos y gente de la calle en general. Más aun porque también están limitadas a dos las cartas que se pueden escribir a la semana.
Quiero reparar en esto de la limitación de las cartas porque en la práctica viene a suponer la imposibilidad de comunicarte con mucha gente de la calle. Te aísla de manera brutal. Antes podías escribirle a una persona una vez al mes. Ahora, si tienes suerte, podrás mantener la correspondencia regularizada con esas persona cada seis o más. Las relaciones con colectivos, amigos y demás, se hacen prácticamente imposibles. Con la familia te lo dificultan tanto como pueden. Todo esto agudiza, lógicamente, el aislamiento derivado de la Dispersión.

El cupo de amigos a comunicar se redujo a 10, que tienen que ser revisados por II.PP cada seis meses. De esta forma se incumplen numerosos autos judiciales que establecían ilimitación de las comunicaciones con amigos y el derecho a poder tener vis a vis con ellos.

Llamadas telefónicas

Los demás presos tienen diez llamadas telefónicas a la semana mientras los presos políticos únicamente ocho. Al tener familiares encarcelados en la teoría te corresponden dos llamadas al mes con ese familiar. Deberían de ser dos a cada uno pero sólo conceden la mitad. Llamadas de cinco minutos que la mayor parte de las veces se quedan limitados a dos o a ninguno por las dificultades que te ponen para establecer la llamada.

En los últimos seis meses, en los que me correspondían doce llamadas de cinco minutos, sólo pude realizar tres de tres minutos con mi hermano Paco, preso en la cárcel de Villanubla (Valladolid).

"NO Procede"

Esta es la realidad de las comunicaciones intercarcelarias. Con las nuevas tecnologías tendría que abrirse el abanico de posibilidades, facilitándose, como ya se hace con otros presos, el uso de la vídeo-conferencia. A los presos políticos de esta cárcel nos han contestado que no reunimos los requisitos para este tipo de comunicaciones.

Al mismo tiempo, con el Reglamento Penitenciario en la mano, nos corresponde comunicar vis a vis con nuestros familiares presos. Pero, cuando solicitas el poder comunicar de forma carcelaria te responden con un escueto "NO Procede".

Autos judiciales que no se cumplen

Todo este tipo de cosas, repito, vienen recogidas en su Reglamento Penitenciario. Lo mismo que el de la ilegalidad que supone la intervención de las comunicaciones de manera intemporal: llevamos más de diez años con ella de manera ininterrumpida!

Tenemos también en esta prisión otra serie de autos judiciales que se incumplen:

-Sobre las (cuatro) salidas semanales al campo de fútbol o polideportivo.

-Sobre el derecho a asistir a Actividades y Cursos

-Sobre el derecho a comunicar vis a vis con familiares y amigos

-Sobre el respecto a la intimidad en las comunicaciones vis a vis.

Diez años sin asistencia odontológica

Tuvimos que aguardar casi diez años para poder tener asistencia odontológica en la prisión. Entre todos los presos políticos tuvimos que "contratar" a un dentista de la calle e ir haciéndonos las reparaciones necesarias. Un montón de intervenciones debido precisamente a la dejadez de todos estos años. En mi caso llevo gastado más de 2,500 euros.

Reflexiones finales

Este es un poco el Informe de la situación de aquí. Deciros, para que no se olvide, que todo esto tiene su origen en la Política de Dispersión que se inició en el 87, con la que se rompieron las Comunas de Presos Políticos pese a la fuerte resistencia que le opusimos. Las Comunas garantizaban el cumplimiento de un mínimo de derechos y podíamos realizar un modo de vida en prisión acorde a nuestra militancia revolucionaria. Con la Dispersión, la indefensión de los presos políticos se acrecienta.

Jesús Cela Seoane

jueves, 22 de julio de 2010

CARTA de TOMAS MORO a PEDRO GILLES





Mi querido Pedro Gilles:
Mucho que me avergüenza enviarte, con el retraso de casi un año, este librito sobre la república utopiana. Sin duda lo esperabas en el plazo de seis semanas. Sabías, en efecto, que no me quedaba nada por inventar ni ordenar en esta obra. Sólo me faltaba redactar lo que tú y yo juntos habíamos oído de labios de Rafael.
No había tampoco razón alguna para pulir el estilo. Primero, porque era imposible reproducir la palabra de un hombre que repentizaba e improvisaba. Y después, lo sabéis muy bien, porque su léxico era más bien el de un hombre menos versado en latín que en griego. Mi única preocupación era y sigue siendo que cuanto más me acercase en el decir a su descuidada naturalidad, más cercano estaría a la verdad.
Confesaré, pues, mi querido Pedro, que después de todos estos preparativos ya no me quedaba casi nada por hacer. No ignoras que la invención del tema y su disposición son suficientes para ocupar el tiempo y la dedicación de cualquier espíritu brillante e ilustrado. Si además hubiera de añadir la elegancia al rigor del lenguaje, te confieso que jamás habría rematado mi intento, por mucho tiempo y dedicación que te hubiere consagrado.
Libre ya de estas tensiones que tanto hacen sudar, era mínimo lo que me quedaba. No tenía, pues, dificultad alguna para escribir con sencillez lo oído. Y sin embargo, todas las demás cosas parecen conjurarse para no dejarme un momento, ni siquiera un momento cuando trato de acabar este asuntillo. No hay día que no tenga que defender pleitos o asistir -a ellos.
Unas veces hago de árbitro, otras las resuelvo como juez. Visito a unos y a otros tanto por compromisos como en función de mi cargo. Paso casi toda la jornada fuera de casa. Y el resto lo dedico a los míos, sin que para mí, es decir, para mis aficiones literarias, me quede nada.
Una vez vuelto a casa hay que hablar con la mujer, hacer gracias a los hijos, cambiar impresiones con los criados. Todo ello forma parte de mi vida, cuando hay que hacerlo, y hay que hacerlo a no ser que quieras ser extraño en tu propia casa. Hay que entregarse a aquellos que la naturaleza, el destino o uno mismo ha elegido como compañeros. Y te has de comportar con la mayor amabilidad, atento siempre a no corromperlos por una excesiva familiaridad. Y, si de criados se trata, evitar que una demasiada indulgencia, los convierta en señores.
Así discurren los días, los meses, los años. ¿Cuándo, pues, escribir? Y hazte cuenta que no he mencionado el sueño, ni siquiera la comida, que para muchos consume tanto tiempo como el sueño. ¡Y éste roba casi la mitad de la vida!
En cuanto a mí, sólo dispongo del tiempo que hurto al sueño y a la comida. Y esto, que aunque poco, es algo, ha hecho que terminara al fin Utopía. Ahí te la envío, mi querido Pedro, para que la leas y me digas si algo se me ha pasado por alto, Pues aunque sobre este punto no desconfío totalmente de mí -ojalá tuviera algún talento y saber, pues memoria no me falta- no llego, sin embargo, a creer que no se me haya podido escapar algo.
Mi paje Juan Clemente me ha dejado muy perplejo. (Sabes, en efecto, que él también asistió a la conversación. No consiento que esté ausente de una conversación de la que puede sacar algún provecho. Pues de este tallo de trigo todavía verde en las letras griegas y latinas, me prometo algún día una cosecha extremadamente hermosa.) Creo recordar que Hitlodeo nos dijo que el puente de Amaurota, que atraviesa el río Anhidro, tenía quinientos pasos de largo. Mi paje Juan pretende que hay que quitar doscientos, pues la anchura del ríoen este lugar no pasa de los trescientos. Recuerda este detalle, por favor. Pues si tú estás de acuerdo con él, yo me plegaré a vosotros y reconoceré haberme equivocado. Pero si no te acuerdas ya de nada, me atendré a mi primera redacción, que me parece más conforme a lo que yo recuerdo. Trataré con todas mis fuerzas de evitar que el libro diga algo falso. Por tanto, caso de dudar en algún punto, prefiero decir una mentira a mentir, pues prefiero ser honrado u honesto a prudente. De todos modos, no será difícil poner remedio, si se lo preguntas a Rafael, bien de viva voz -si todavía está por ahí-, bien por carta. -Y harás bien en hacerlo, a causa de cualquier otro detalle, y que ignoro si su falta se debe a mí, a ti o a Rafael. No se nos ocurrió preguntar, ni Rafael pensó en decírnoslo, en qué parte del Nuevo Mundo está situada Utopía. Daría mi modesta fortuna para que no se produjera tal omisión.
Y me avergüenza no saber en qué mar se encuentra una isla sobre la que doy tantos detalles. Pues varias personas de estos pagos -y sobre todo un hombre piadosísimo, teólogo de profesión- arden en deseos de dirigirse a Utopía. Les arrastra no una vana curiosidad de ver cosas nuevas, sino el deseo de despertar nuestra religión que tan buenos comienzos tuvo allí. Para proceder canónicamente, este nuestro teólogo pidió del Pontífice ser enviado y nombrado obispo de los Utopianos. No se paró en barras ante el escrúpulo de solicitar para sí mismo este episcopado. Considera como una santa ambición un proyecto nacido no del deseo de honores o de riquezas, sino de una profunda piedad.
Por todo esto, te ruego, mi querido Pedro, insistas ante Hitlodeo, sea de viva voz, si lo puedes hacer fácilmente, sea por escrito, si está ausente, para que por todos los medios, mi obra no contenga error alguno, ni le falte nada de verdad. Me pregunto incluso si no seríaútil presentarle el libro. Nadie más indicado que él para realizar las correcciones pertinentes. Y sólo podrá hacerlo leyendo lo que he escrito. Por ello, podrás saber además si le agrada mi idea, o si no ve con buenos ojos el que yo haya escrito esta obra. Quiero decir que si se ha decidido a escribir la historia de sus aventuras, quizás no quiera -y yo tampoco lo querría- que yo divulgue los secretos de la república de los utopianos o que estropee su historia privándose de la gloria que reporta la novedad.
Aunque, a decir verdad, ni yo mismo estoy muy seguro de quererla publicar. Pues los paladares de los mortales son tan distintos, sus molieras tan torpes, los espíritus tan desagradecidos y los juicios tan absurdos, que no me parece descaminado imitar a aquellos que mantienen su buen humor y su sonrisa abandonándose a su inclinación natural. Seria mejor que imitar a los que se molestan por publicar algo que pueda ser útil o agradable a seres ingratos y que no se contentan con nada.
La mayoría no conoce la literatura, y muchos la desprecian. El bárbaro rechaza como difícil lo que no es totalmente bárbaro.
Los sabihondos desprecian como vulgar lo que no está sembrado de arcaísmos. A algunos sólo les gustan las obras clásicas, y, a la mayor parte, las suyas propias. Este es tan sombrío que no admite bromas; aquél tan insulso que carece del sentido del humor. Los hay tan tomos que huyen -cual perro rabioso del agua- de todo lo que sabe a humor. Otros son tan inestables que su juicio cambia de estar sentados a estar de pie.
Estos se sientan en las tabernas, y entre vaso y vaso emiten sus juicios sobre el talento de los escritores. Desde lo alto de su autoridad y a su antojo los condenan y dan tirones a sus escritos, como si les tiraran del cabello. Mientras tanto, ellos están bien resguardados y, como dice el proverbio, «fuera de, tiro». Pues estos hombres tienen la piel tan fina y tan afeitada que no les queda ni un pelo por donde se les pueda coger.
Hay, finalmente, seres tan desagradecidos que aunque la obra les deleite mucho, su autor les deja indiferentes. Se parecen a esos invitados mal educados, que, después de haber comido opíparamente, se van de casa hartos sin dar las gracias a su anfitrión. ¡Y ahora disponte a preparar un banquete a tus expensas para gente con un paladar tan delicado, de sustos tan variados, y de corazón tan sensible a la gratitud y al recuerdo de las atenciones!
De todos modos, mi querido Pedro, trata con Hitlodeo lo que te acabo de decir. Tendremos tiempo después para revisar este proyecto. Aunque se hará, si este es su deseo, y, aunque tarde lo veo ahora, tenga que morir por el trabajo de redactarlo. Por lo que respecta a editarlo, seguiré el consejo de los amigos, y sobre todo el tuyo.
Adiós, queridísimo Pedro Gilles. Mis mejores deseos para ti y tu excelente esposa. Quiéreme como me quieres, pues mi cariño por ti es mayor cada día.